Programas de Cocina

Programas de Cocina

Siempre que vuelves a casa, me pillas en la cocina, embadurnada de harina y con las manos en la masa

¿Os suena el tema de Vainica Doble?

No sé si lo habréis escuchado mucho o quizás os suene más por formar parte de la cabecera de uno de los primeros programas de cocina de televisión que yo recuerde, puede que fuera incluso el primero que se emitió… lo mismo me estoy haciendo más mayor de lo que quiero reconocer.

Da igual, ese no es el tema del post.

Hoy quiero hablaros de los programas de cocina en la TV porque no sé, me ha dado por pensar… a ver a vosotros qué os parece.

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Programa Abran Fuego en Telemadrid

No sé qué ha pasado de un tiempo a esta parte.

La televisión se ha llenado de cocinas y de cocineros que ya no se llaman cocineros, ahora hay que llamarles chefs y hay que hacerlo muy alto y con tono marcial.

Esto tampoco es que lo entienda mucho pero así son las cosas.

El caso es que estos programas proliferan como setas en otoño en los montes de Soria antes de ser esquilmadas por los furtivos… pero esta es otra historia de la que ya hablaremos otro día, que me desvío del asunto.

 

TopChef, Master Chef, Master Chef-Junior, Pesadilla en la Cocina, Cocineros al Volante (o algo así…), Abran Fuego… la creatividad de los guionistas para poner nombre a los programas está llegando a su límite y es lógico, la cuestión es que ya no da mucho más de sí.

Y dejamos a un lado a uno de los pioneros Karlos Arguiñano y  a los programas de cocina en plan viajero como el de los hermanos Torres, el de Jose Andrés en inglés para el público yankee, el que se marcó Gwynneth Paltrow por tierras españolas o todas las variaciones posibles que se autoproduce Jaimie Oliver que es mi ídolo con mayúsculas en esto de cocinar delante de las cámaras.

Jamie Oliver
Jamie Oliver Photo property of Jamie Oliver

 

¿Pero por qué demonios hay tantos?

No, no son iguales pero son muy parecidos. En todos se trata de dar de comer al personal ¿no?

Porque es eso o no es eso.

Yo es que ya empiezo a no tener claro que es lo que queremos encontrar en este tipo de programas para que tengan tanto éxito de audiencia, para que se reproduzcan y se encadenen unas ediciones con otras.

Es cierto que a alguno le empieza a abandonar el público, que quizás empieza a cansarse de participantes que llegan a un concurso de cocina con una estrella michelín a sus espaldas.

Es complicado de entender qué pretende un concursante de semejante nivel, es complicado de entender cómo le juzgan los jueces cuando lo mismo no tienen ese aparente nivel que supone haber ganado una estrella michelín, es complicado de entender si a él o a ella le interesa estar ahí o a quien le interesa es al establecimiento en el que trabaja.

No sé, lo mismo es que empezamos a cansarnos de tanta competición, incluida la culinaria.

Jarra
Jarra
“Catálogo IKEA 2016″

Aunque puede que no sea eso porque cuando son sólo aficionados los que concursan sí nos gusta verlos… ¿o es que nos gusta vernos?

Nos identificamos con ese “cocinillas” que borda la fabada en su casa y que se ha atrevido a ponerse delante de las cámaras y con esa ama de casa entrada en años que sabe a la perfección darle el punto al arroz sin necesidad de tener un reloj a mano.

Es lógico, somos humanos.

Incluso nos gusta ver como los niños se curran unas cocochas con las que nosotros no nos atreveríamos jamás y sin embargo ellos las dominan, las preparan y las emplatan con una tranquilidad pasmosa.

 

¿Qué buscamos en los programas de cocina?

Recetas no, no lo creo. Ideas tampoco, no tenemos demasiado tiempo en nuestro día a día para ponerlas en práctica aunque nos gusten. ¿Buscamos salud o simplemente es algo que se ha puesto un poco más de moda que antes? Puede que sea eso…

¿Estaremos banalizando la alimentación por culpa de la moda o la estaremos sacralizando por encima de la lógica?

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No lo tengo tan claro pero es constatable que hemos llegado a un punto en el que el I+D+i de muchas cocinas supera al de algunas empresas de otros sectores, un punto en el que el cromatismo y la plasticidad nos lleva de los fogones a los museos, un punto en el que ir a comer a un restaurante se traduce en “tener una experiencia”, un punto en el que la cuenta de ese mismo restaurante tiene más ceros que el expediente académico de un “tronista”.

Y que conste que personalmente si me tuviera que definir, veo más arte en la gastronomía que por ejemplo en la tauromaquia, pero es sólo mi opinión personal, obviamente.

No sé, la culpa de todo seguro que la tiene la televisión, que es lo que solemos decir siempre en este país… no vaya a ser que la culpa la tengamos nosotros y alguien se atreva a decírnoslo.

 

P.D. by Sara: Yo desde mi experiencia como cocinera en un restaurante puedo decir que estos programas han hecho mucho bien y mucho mal a la restauración. “Mucho bien”, por acercar platos de todo tipo y de todos los lugares del mundo a la mesa de todos nosotros, por enseñarnos que en casa y con tiempo cualquiera puede cocinar bien, pero también hacen “mucho mal“, porque lamentablemente no todos hemos nacido para ser Adriá ni para trabajar en un restaurante por mucho que nos guste cocinar en casa. La profesión de cocinero o chef o como se quiera llamar, es dura, muy dura y en ocasiones poco gratificante incluso, se dedican muchas horas, mucho esfuerzo, mucha ilusión para poner en un plato una de esas recetas que salen en la televisión. Las cocinas de los restaurantes de verdad son lugares hostiles, donde los profesionales que trabajan en ellas se dejan la piel todos los días a un ritmo frenético y marcial, donde se trabajan horas y horas para conseguir el resultado esperado, en esas calurosas cocinas no se corta el plano cuando alguien se corta o se quema, o cuando la espalda te mata por llevar un turno de 4 horas seguidas sin parar de sacar comandas, o cuando se te caen las lágrimas porque un cliente te felicita por haber disfrutado con tu comida o te pone a parir en Tripadvisor sin saber muy bien por qué, o cuando tienes que sacar a alguien de tu cocina a gritos antes de arrancarle la cabeza, etc., etc., etc…todo esto es la realidad y como siempre supera con mucho a la ficción.

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que tiene hojas mide 5 metros y es de madera